Opinión: "Thelma & Louise en el 8M" - Universidad Católica del Maule
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Opinión: “Thelma & Louise en el 8M”

Opinión: “Thelma & Louise en el 8M”
9 Mar 2023

Franco Caballero Vásquez, estudiante del Doctorado en Filosofía, Religión y Pensamiento Contemporáneo de la Universidad Católica del Maule.

Menos mal que la Extensión UCM no pasó esta película en diciembre como estaba programada, y la dieron esta semana, a un día del 8M. Maravillosa sincronía para reflexionar y activar en las consciencias de quienes pudimos asistir, distintos aspectos que no pasan por alto y que tras 32 años de su lanzamiento, es un film que hace un sentido tremendo en la actualidad. Hoy luego de todos esos años, tenemos que refundar su categoría, quitarle el rótulo de película de aventura, crimen y drama como lo presenta IMDB, o película de carretera como lo dice Wikipedia, para rebautizar con toda certeza como un film Feminista. Porque lo más trascendente de su narrativa es la violencia abusiva de los coletazos del patriarcado, la dictaminación del falo y la reivindicación de la justicia cuando la ley forma parte de un aparato ideológico como decía Marx, contrarrestado con la hermosa sororidad y noble amistad de dos mujeres que encienden su voluntad por construir un destino diferente.

La guionista Callie Khouri, autora de esta historia, expone los coletazos del patriarcado en las figuras de los maridos de Thelma y Louise, en el violador de la discoteque, uno naturalizado por lo demás, ya que la mesera lo llama por su nombre diciendo que no moleste a las chicas con un gesto cotidiano cuando este las aborda en el club, y luego en el camionero, al cual aleccionan ya adiestradas las protagonistas en su propia ley, otorgando una lección digna de educación, como si se le estuviese enseñando a hablar a un gorila. El patriarcado que potenció el capitalismo, a estas alturas preocupante, especta en la película que en el mundo rige un sistema que acomoda a unos y oprime a otros. Esto quiere decir, que no estamos viviendo inteligentemente, ni mucho menos derechohumanísticamente. La herida se viene demostrando desde el siglo XX y hoy se torna tan evidente que clásicos del cine como este nos recuerdan sentidos que permiten la urgencia educacional, formativa y legislativa para equilibrar este abuso. Thelma y Louise, que tuvo diversos obstáculos para ser publicada, viene a expresar la crítica del falo como una potestad desatada, como un sistema imperante y abusivo, así como un policía psicópata, o un fiscal corrupto, es decir como un poder que es enfermizo.

En el contexto de la película, el falo ordena todo el discurso, como dice Luce Irigaray, pero ¿por qué tiene que hacerlo él? El falo que no es el pene sencillamente, aclarémoslo bien, sino que es el pene erecto, es la luma del carabinero, simboliza la rigidez de la ley sin criterio, la norma a rajatabla, es el mallete que dirige, otorga y corrige. En este caso, el hombre abusador pierde la razón por la adquisición del falo. Para la antropóloga argentina Rita Segato las violaciones son actos de soberanía, por lo que corresponden a un fenómeno social más que de deseo. Los hombres no violan por deseo, sino por castigo, por competencia incluso: “El sujeto no viola porque tiene poder o para demostrar que lo tiene, sino porque debe obtenerlo” (Las estructuras elementales de la violencia. 2003). Quizás esa fue la pérdida de poder que sintió el violador de la película ante la presencia de una chica libre como Thelma. Cuánta rabia surge cuando unos no permiten la libertad de otros. Y nosotros perreando con el reggaetón (La filósofa Laura Llevadot dijo en un seminario de feminismo que en el reggaetón el hombre le dice a la mujer que es el falo y la mujer le dice al hombre que él lo tiene). Y no es que busque ser aguafiestas, pero en las reflexiones todo cabe. Es el fármaco del capitalismo, si su remedio es el progreso económico, el daño que deja es la pérdida de la consciencia humana y la castración de lo que significa ser verdaderamente una persona, en razón, espíritu y criterio de su esencia integral.

Ante el abusivo sistema surge la reivindicación, el ajusticiamiento. El lema Ardet ut vivat, arde para poder vivir. Así como sucedió en Rosario, Argentina cuando los mismos vecinos del barrio saquearon y ajusticiaron la casa del narco que mató a un menor en pleno tiroteo. Ellas son Thelma y Louise. El feminismo permite la salida de todo cuanto molde se haya construido hasta ahora. Las protagonistas deben escapar luego de matar al violador porque la policía y los detectives no les van a creer que el tipo estuvo a punto de ultrajar a Thelma, ya que esta bailó toda la noche con él. Deciden “construir la lengua que habitarás”, “encontrar los antepasados que te hagan más libre” y “construir la nueva educación sentimental mediante la que amarás de nuevo” como dicta el lema de la extinta revista francesa Tiqqun, y pistola en mano se dan a la fuga hasta el infinito. Fue inevitable no pensar que los violadores existen y no se extinguen porque las mujeres no tienen tanto instinto asesino, así como los hombres lo hicieron con las brujas en la edad media. Es polémico decirlo, pero esas cosas se me venían a la cabeza mientras veía este clásico desde ahora feminista. Pero bueno, no nos vayamos a los extremos que lamentablemente la moral mantiene la armonía y si tenemos que cambiar algo es desde la participación, la asamblea, el diálogo y toda la política deliberativa habermasiana para que mediante la racionalidad y el criterio podamos encontrar las mejores formas de resolver los conflictos. Así nos enseñan. ¿Fome? Sí, fome. Aunque, por otra parte, no puedo dejar de admitir que luego de ver esta película no dejo de creer en la locura, en el delirio, en lo que duele, en la fragilidad de los hombres, en la rabia simple del hombre silvestre, en la mujer aguerrida, implacable e indomable, en el cuestionamiento de las normas, en la virtud de lo creado, en la construcción de lo nuevo, en la inconformidad de la vida, y es que no se trata de sembrar la anarquía, ni salir a tomar las armas para combatir todas las injusticias, pero tampoco quiero vivir como digan; la sangre palpita fuerte porque ya no creo que el feminismo sea un asunto de las mujeres, sino que de toda persona que pueda notar la desproporción del sistema, simbólica y política. Creo en la justicia, en la ética humana y hoy además, creo en Thelma y en Louise.

 
“Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento de la Universidad Católica del Maule”.

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