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Opinión: “Mujeres en el abandono: La pandemia tras el COVID19”

Opinión: “Mujeres en el abandono: La pandemia tras el COVID19”
7 May 2020


Brenda Tello Araneda, estudiante tesista en temas de género de la Escuela de Trabajo Social de la UCM.

La amenaza de violencias contra las mujeres y niñas se ha acrecentado en tiempos de confinamiento y cuarentena, la pandemia del COVID19, además de ser un proceso difícil, de angustias y ansiedades, nos ha mostrado otra cara. Aquella verdad de la cual la sociedad por años no se ha hecho cargo, ha validado e invisibilizado y muchas veces callado, como lo es el abuso y maltrato hacia las mujeres.

Lo paradójico es que el aumento de denuncias y el alza en los llamados a fonos de ayuda durante esta pandemia, paradójicamente también ha sido declarada una pandemia por la OMS en 2016, cuando declararon que al menos una de cada tres mujeres ha sufrido en algún momento de su vida violencia física o sexual, principalmente por parte de su pareja. Esto lo convierte en una pandemia mundial, según Naciones Unidas, que recuerda que la violencia provoca más muertes que la tuberculosis, la malaria y todos los tipos de cáncer juntos.

Para aquellas mujeres víctimas de violencias y de las cuales su hogar pudo haber sido en algún momento un espacio seguro, debido a la ausencia del agresor, ya sea por motivos laborales o sociales, hoy este espacio se convierte en una prisión de grandes riesgos para quienes en el silencio viven o han vivido distintos tipos de maltratos.

ONU Mujeres (2020) dijo al respecto que: “En los últimos 12 meses, 243 millones de mujeres y niñas (de edades entre 15 y 49 años) de todo el mundo, han sufrido violencia sexual o física por parte de un compañero sentimental. Y, con el avance de la pandemia del COVID-19, es probable que esta cifra crezca con múltiples efectos en el bienestar de las mujeres, su salud sexual y reproductiva, su salud mental y su capacidad de liderar la recuperación de nuestras sociedades y economías, y de participar en ella”.

Esta pandemia, y sus respectivas medidas para evitar el contagio como lo es quedarse en casa, trae a la palestra el estrés y la preocupación por condiciones relacionadas con necesidades básicas como la salud, el dinero, el trabajo y nuestra seguridad. Sin duda , todos estos factores contribuyen a las malas relaciones familiares de quienes llevan el peso del sustento a sus familias. Y si a esto agregamos, factores como la cesantía, el hacinamiento, vulnerabilidad, antecedentes psicológicos y/o psiquiátricos, alcoholismo y drogadicción, claramente puede aumentar la violencia intrafamiliar y contra la mujer, ejercida principalmente por su pareja o cónyuge.

Sobre todo, en aquellas parejas que presentaban un historial de violencia con anterioridad, y donde las mujeres se ven expuestas también a un aislamiento social y de personas significativas y cercanas que puedan apoyarlas, más aún de la posibilidad de denunciar a distintos organismos de seguridad debido a este confinamiento tras el COVID19.

No se puede dejar de mencionar el femicidio, el cual se puede observar como la consecuencia final de dicha violencia hacia las mujeres, aunque la cantidad de víctimas se ha mantenido en relación con el año pasado, con un total de (13) en el año 2019 y (11) para el 2020 a esta fecha, sin duda, que este escenario de cuarentena es el ambiente propicio para actitudes de control y violencia sobre las mujeres que se encuentran atrapadas con parejas abusivas.

Es decir, la pandemia de la violencia hacia las mujeres jamás ha sido tratada con la diligencia con la que es tratado un virus mortal como el COVID19, aun cuando existen datos de las consecuencias fatales de este fenómeno y su incremento: “En el año 2018 se observan 42 femicidios y en 2019 se registran 46 femicidios” (SERNAMEG, 2020), aumento que se mantiene para este año 2020.

Sin duda hay mucho que hacer en materia de género, y a pesar del gran número de investigaciones y del hincapié que se hace en su importancia, estamos lejos de afrontar debidamente esta problemática que existe a nivel mundial. Mucho menos, de aceptar las consecuencias sociales, económicas y políticas que tras años han sufrido las mujeres víctimas de dicha violencia debido a los distintos aprendizajes sociales propios de nuestra cultura.

 

 “Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento de la Universidad Católica del Maule”.