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Columna de Opinión: Duele Chile

Columna de Opinión: Duele Chile
2 Dic 2019

Horacio Hernández Anguita, encargado de la Villa Cultural Huilquilemu.

Camino por las calles de la ciudad. Los centros públicos, financieros y locales comerciales, están protegidos o protegiéndose con cierres metálicos. Vitrinas evidencian piedrazos. Muros rayados con consignas. Para ingresar a recintos de servicios, se habilita un pequeño acceso.

Huellas de vandalismos están a la vista. Hay restos de cauchos quemados.

Un señor me comenta estar agotado. Completamente de acuerdo con las demandas sociales. Pero, dice: “me declaro contra los saqueos y los grupos que salvajemente destruyen y agreden”. Otra persona me toma del brazo, y angustiada replica: “estamos en ruinas”. Al pasar por la esquina, transeúntes comentan la noche violenta. Cómo los hechos de saqueo no paran. Que la policía no da abasto. Se entrampan en discusiones.

La inseguridad se instala. Incertidumbre por lo que viene. Descontento y agitación permanecen. Las protestas continúan y las reacciones políticas son débiles. Las autoridades no dan en el blanco, adolecen parálisis. Organizaciones reivindicadoras se multiplican. Hay temor y dolor…

Si. Duele Chile.

Dolor por las heridas abiertas, las de una sociedad que por años cifró expectativas únicamente en lo económico, enriqueciendo a un pequeño sector a consta de la gran mayoría de la población. Duele la inequidad, los abusos, los políticos desvergonzados. Duele la marginalidad progresiva y la pobreza. Duele la educación pública abandonada, como los hospitales y el sistema de salud, donde los quejidos desesperados de los enfermos en las urgencias nos hacen llorar o, donde en los consultorios las horas se dilatan, sin especialistas. ¡Es que la población trabajadora, carece de acceso digno y de calidad en medicina!

Duele, la corrupción descarada de los poderosos, la precarización del trabajo y las formas sofisticadas de esclavitud y endeudamiento de los más indefensos. Duele que, a pesar de los esfuerzos de generaciones pobres, la gran mayoría no pueda acceder a progresos sustantivos y reconocidos. Duele que las generaciones más ancianas sean postergadas, con pensiones míseras…

Duele Chile, en fin, cuando los niños preguntan “¿qué está pasando?”

A pesar de todo y el alma apretada, aguardo que habrá de surgir nueva fuerza y claridad. El país ha vivido en su historia múltiples catástrofes y luchas: terremotos, maremotos, inundaciones e incendios; sufrir y encarar graves conflictos sociales y fratricidas, levantándose una y otra vez.

Si. Yo aguardo y confío que, de esta hora extrema, nacerá la esperanza cierta, el porvenir más digno, justo y fraterno para este Chile que nos duele…

“Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento de la Universidad Católica del Maule”.