Columna de opinión: Modelamiento matemático sobre el VIH en Chile - Universidad Católica del Maule
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Columna de opinión: Modelamiento matemático sobre el VIH en Chile

Columna de opinión: Modelamiento matemático sobre el VIH en Chile
24 Jul 2019

Dr. Fernando Córdova-Lepe, director del Doctorado en Modelamiento Matemático Aplicado de la Universidad Católica del Maule.

Nuevamente las noticias informan del avance de las enfermedades de transmisión sexual en Chile, en particular respecto al VIH. Las estadísticas son claras, según ONUSIDA de 67 mil al año 2017 pasamos a 71 mil a fines del 2018. En cuanto a la Región del Maule, en lo que va del presente año, se han confirmado 144 casos lo que es un 40% mayor en relación con igual periodo del año anterior.

Este aumento de las cifras, el mayor en Latinoamérica, no tienen explicación única. Se asocia a campañas de prevención de bajo impacto debido a una errada orientación de las mismas. Hemos asistido a décadas en que el péndulo oscila entre los llamados a evitar los contactos (pareja única, abstinencia e iniciación tardía) y las advertencias que priorizan el levantamiento de barreras físicas a los agentes patógenos (uso de preservativos). Por otro lado, encontramos sectores que localizan la causalidad en el incremento de la inmigración. Es claro que el problema tiene causas múltiples, por lo que sería extraño suponer soluciones únicas.

Situándonos en una aproximación analítica, que asume una idealizada dicotomía entre población cuidadosa (siempre impiden el contagio aplicando alguna barrera) y complementariamente aquellos que no. Se concluye que los contactos, cualquiera sea el número, entre cuidadosos o entre un cuidadoso y uno que no lo es, no generan nuevos portadores. Por lo que, son los contactos entre individuos del grupo descuidado los que participan de la propagación de las infecciones, sean estos personas infecciosas o susceptibles. Así que los esfuerzos deben estar en bajar el tamaño de este grupo.

Obviando la dinámica nacimientos y muertes, un modelo matemático simple lleva a concluir que ante un flujo migratorio de M individuos diarios en que una fracción d de ellos son descuidados estabiliza a largo plazo el grupo descuidado en D = d 365 M / (f c), en que se han asumido f campañas de prevención al año, las que cada vez logran cambiar (sin futuro olvido) la conducta a una fracción c de la población descuidada. Como es de esperar, respecto al tamaño D, los parámetros d y M correlacionan positivamente, en cambio f y c lo hacen en forma inversa. Otra conclusión, que no justificaremos aquí, dice que al término de un año las campañas logran reducir el grupo descuidado solo si este este era mayor que D, en cambio solo mitigará su crecimiento si era menor que D.

Desde la expresión matemática para D hay conclusiones diversas, una de ellas es que nada cambia de haber aumento en el número de campañas preventivas anuales en la misma proporción que disminuye su efectividad. También, de no haber control sobre la intensidad del flujo migratorio, destacamos la importancia que tendría reducir d, por ejemplo, mediante la educación para la prevención en etapas vecinas al ingreso (antes o inmediatamente después). Bajar la entrada de descuidados a la mitad tienen el mismo efecto que duplicar las campañas internas o (exclusivo) aumentar su efectividad al doble.

Mencionamos que los nuevos infectados se producen por contactos entre susceptibles e infecciosos del grupo descuidado, de lo que es posible deducir que la incidencia potencial máxima, es proporcional a D2. Esto implica que una reducción de D a la mitad reduce dicha incidencia a la cuarta parte.

La medida gubernamental tendiente a aumentar la pesquisa de casos está en la dirección correcta, pues esto significa aumentar c y/o aumentar f, pero solo cuando efectivamente los portadores accedan a un tratamiento de supresión viral más otro educativo que les permita dejar el grupo descuidado si estaban originalmente localizados en él. Sin embargo, el subestimar el rol del uso del condón (sea o no fetiche) y centrarse en estrategias reactivas, como lo denuncia la Fundación Sida Maule, es poco aconsejable en cuanto es otro modo, quizás más determinante, de disminuir D a través de elevar c. Por otro lado, aunque no exista evidencia de una mayor incidencia de VIH en la población migrante, el rol del factor d, la fracción inmigrante descuidada, en particular el componente susceptible, es nítido en la instalación de un nivel endémico de largo plazo.

 

“Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento de la Universidad Católica del Maule”.

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